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Pioneros de la innovación: inventores centroamericanos de principios del siglo XX.

Al crearse en 1836 la Oficina de Patentes en los Estados Unidos, se hizo más fácil el que inventores de las Américas pudieran someter y proteger sus ideas para su eventual aprovechamiento comercial. Así, desde la segunda mitad del siglo XIX, también los centroamericanos comenzaron a proponer sus ideas, típicamente relacionadas con las industrias y ocupaciones predominantes en esa época.

Revisando rápidamente las patentes más tempranas de la región en la base de datos de la Oficina de Patentes, encontramos notable actividad de los inventores centroamericanos, preocupados en mejorar la producción agrícola y su procesamiento, como el café y el azúcar. También trabajaron en mejorar la tecnología incipiente automotriz, la educación de la niñez, y , muy adelante de su tiempo, sofisticado equipo médico. Veamos algunos ejemplos.

Un inventor muy prolífico, el Sr. José Gallegos de la ciudad de Guatemala experimentó con máquinas para generar electricidad a finales del siglo XIX. En 1898 patentó una planta de calzado con la cual una persona generaba electricidad al caminar. Obtuvo también una patente sobre mejoras a los receptores del telégrafo, la tecnología de telecomunicación dominante en esa época. Don José también patentó juguetes para ayudar a los estudiantes en sus estudios, como el de abajo. Agrupando pelotitas dentro de compartimientos en un disco transparente, el estudiante podía agruparlas y practicar las cuatro operaciones aritméticas.

Desde Costa Rica, Theodore Lockling patentó en 1880 un mecanismo para sombrillas, que permitía cambiar la cubierta rápidamente. También desde Costa Rica, Manuel Carranza patentó en 1889 un mecanismo de ignición eléctrica para encender lámparas de aceite, en tiempos cuando todavía no había alumbrado eléctrico.

Relacionado con el procesamiento del café, Manuel S. Ayau patentó desde Guatemala una secadora centrífuga para secar los granos en 1896; Similarmente, desde Costa Rica Augusto Gallardo patentó en 1887 una máquina para pelar y limpiar los granos de café. Siempre en el procesamiento de productos agrícolas, el costarricense José Guardiola patentó en 1872 una máquina para exprimir y secar el azúcar de la caña.

Con aplicación a lugares donde hay escasez de materiales escolares, el Sr. Alonzo Peralta de Guatemala inventó en 1922 un porta-lápiz, que permitía poder asir y utilizar hasta el último pedacito de lápiz.

Muy notablemente, el reconocido médico y cirujano guatemalteco, Dr. Mario J. Wunderlich, patentó en 1909 un aparato para administrar gradualmente el anestésico al paciente durante una operación quirúrgica, idea que es citada aun en el presente. El Dr. Wunderlich recibió, entre muchas otras, la condecoración "Orden del Quetzal" de parte del gobierno guatemalteco en 1943 por sus contribuciones a la medicina.

En otras áreas del quehacer, en 1920 Manuel Humberto Prez, de San Pedro Sula, Honduras, patentó mejoras al motor de combustión interna, mientras que el salvadoreño, Rubén Rivera, de Sonsonate, El Salvador, introdujo mejoras al motor hidráulico.

Por supuesto, estos ejemplos representan solo aquellas ideas que fueron diligentemente patentadas. Hay sin duda muchas otras invenciones, cuyos autores lamentablemente no tuvieron los recursos, los contactos, o el interés por patentar. Mi ejemplo favorito: la invención de la marimba cromática en la región, cuya atribución despierta aun ahora polémica, al no haberse documentado su creación mediante una patente. Aun así, esta breve reseña demuestra que, desde un principio, la región centroamericana ha visto nacer innovadores de primera talla. En una próxima oportunidad hablaremos sobre los innovadores centroamericanos de los últimos años.

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